martes, 30 de octubre de 2007

Arden

Mira que me aventuro a mostrarte este aljófar. Cuídate de él, que más que calmar la sed, la excita. No puede ser de otro modo. Es hijo de las estrellas y de las entrañas: una corona solar que hubo de rezumar por mis poros. Ya debes saber que tú (¡sí, tú!, ¿de qué te admiras?) me prendiste.

Arden

Arden, arden los ojos y se prende el cuerpo.
Se ocupa impaciente la mente en el deseo.

Libar dulcemente tu néctar con cien besos;
aferrar y devorar tiernamente tus pechos;
aspirar jadeante el perfume y tacto de tus cabellos;
alzarte en brazos para luego arrojarte al suelo;
yacer sobre ti, poseyéndote, en cualquier lecho;
abrazarte y susurrarte cuánto te voy a echar de menos.

Así ocupo mi mente, impaciente, y espero
verte y tocarte y tenerte por entero.

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